LVIII – Solo una taza de té

En el gaiwan infusionaba un pellizco de hojitas del delicado shen. Apenas un minuto en agua filtrada a 90ºC y de ahí a una vieja taza de color blanco níveo. El shen o raw pu-erh provenía de uno de los jardines de té más antiguos de la provincia de Yunnan y lo había conseguido en una pequeña tienda en su último viaje de trabajo a China.

Después de la sencilla ceremonia de preparación, Anna se sentó en el suelo, en silencio, con las piernas entrelazadas, y comenzó a concentrarse poco a poco en su respiración. Su mirada se perdía en el licor de color ámbar que la esperaba humeante.

 

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