XXIX – Serie B

Mientras ella se quitaba el pelo de la cara, despejando la mirada de aquellos enormes ojos color canela, yo sabía que mi vida ya no valía nada.

Sonriendo, me apuntaba con su Beretta 9mm sin un atisbo de nerviosismo o duda. Con un brillo especial en sus ojos me preguntó: —¿Quieres decir algo antes de morir?—

En un instante debía decidir si intentaba buscar las palabras mágicas que salvaran mi vida, o tal vez las que liberasen mi alma.

Nunca he sido del tipo de hombres que suplican, así que alzando la mirada y con toda la clase que pude (con la fuerza que da saber que todo está perdido), dije: —Si pudiera viajar cien veces al pasado, cien veces volvería a aquella habitación de hotel a hacer lo que hice, y de ni una sola de ellas me arrepentiría.

Layla parpadeó y cuando volvió a abrir los ojos, su brillo había desaparecido, al igual que su sonrisa y la seguridad con la que sujetaba el arma.

Volvió a cerrar los ojos mientras apretaba el gatillo.

Deseó no tener que volver a abrirlos jamás para no ver el cuerpo agonizante del hombre al que una vez amó.

 

dilectia