Capítulo III - Las vacaciones de los Reyes Magos
El día 7 de enero ya no es navidad. Juegan los niños con los regalos que les han traído los Reyes Magos (sólo si se portaron bien) y en la mayoría de las casas todavía está el árbol montado, aunque ya no se enciendan las luces. Durarán unos cuantos días o semanas los restos de turrón, polvorones y peladillas, hasta que la buena madre se aburre de verlos dando vueltas y convence al padre para que se los coma refunfuñando o los tira a la basura, con gran pesar, porque a las madres, eso de tirar cosas...
Una o dos semanas después todo está olvidado. La navidad deja paso a la cuesta de enero y los niños y niñas se enfrentan otra vez a sus quehaceres diarios, a sus deberes y a las clases de inglés y de música. El invierno continúa su camino implacable, sin el consuelo de la cálida navidad.
Entonces, sólo entonces, los Reyes Magos descansan.
Ellos lo llaman su "merecido descanso". Pero ¿os imagináis tener 11 meses de vacaciones al año? Porque no nos engañemos, ni los Reyes Magos ni Papa Noel trabajan más allá de unos días. La realeza, como se le supone, tiene a "gente" que hace el trabajo sucio. Su función es más un tema de imagen, de aparecer en la foto. Forman parte de lo que actualmente llamaríamos el merchandising o el desarrollo de la marca "Navidad".
Son como los famosetes que van a fiestas, posan en el photocall sonrientes, con sus tetas operadas y sus "chutes" de botox y después vuelven a sus miserables vidas. Con la diferencia de que unos tienen que trabajar un par de días a la semana y los otros un par al año.
Después descansan.
Es a principios de abril cuando, después de unas semanas separados, Melchor, Gaspar y Baltasar vuelven a reunirse para revisar meticulosamente la temporada navideña. Analizan los fallos y problemas surgidos para no volver a cometerlos en la siguiente.
Durante estos días surgen las primeras chispas y malos rollos. Sus majestades discuten por cualquier estupidez. Es lo que tiene mezclar mucho tiempo libre con la sangre azul.
Se de primera mano que en abril de 1988 los Reyes Magos estuvieron a punto de separarse para siempre. Melchor y Baltasar sugerían una ruta nueva para poder repartir los juguetes en menos tiempo pero Gaspar nunca ha aceptado cambios significativos en el sistema logístico y de reparto. Todo el mundo sabe que Gaspar es el más tradicional.
La falta de consenso estuvo a punto de hacer que todos nos quedáramos sin regalos en 1989, pero a última hora, Sus Majestades volvieron a sentarse a negociar y Gaspar accedió a probar la nueva ruta ese año como experiencia piloto. Tal vez fue la precipitación o que el nuevo sistema no funcionaba, pero el hecho es que algunos niños no recibieron sus regalos hasta bien entrada la tarde del día 6 y se optó por volver al sistema antiguo, para alegría del rey heleno.
Más habituales son las depresiones y ataques de ansiedad entre Los Reyes. Los episodios más graves han sucedido siempre después del verano, en septiembre y octubre. Los días se hacen más cortos y el tiempo empeora. Si lo unimos a la falta de actividad, estas fechas, previas al invierno siempre son duras para ellos.
El intento de suicidio de Gaspar en septiembre de 1973 fue tal vez el ejemplo más claro de lo que pasa por la cabeza de Los Reyes durante el otoño. Si unimos a las causas citadas anteriormente el consumo abusivo de alcohol y el divorcio de su mujer Verónika, no es de extrañar que Gaspar intentara poner fin a su vida. Mezcló una botella de Ribera del Duero con un puñado de neurolépticos y se dispuso a recibir la muerte tranquilamente, en su pequeño palacio.
Lo único que consiguió fue una gran pota morada en el sofá de piel y un brutal dolor de cabeza durante casi una semana. Además, los Reyes Magos son inmortales, no pueden suicidarse.
A partir de este dramático suceso, los reyes visitan regularmente a un terapeuta, un psicólogo a quien cuentan sus preocupaciones y que les ayuda a disipar la ansiedad acumulada por tocarse los huevos durante 11 meses al año.
La verdad es que una vez que los conoces pierden gran parte de su encanto y misterio... Pero imagino que al fin y al cabo, los Reyes Magos no son tan distintos a nosotros.