Capítulo XIII - El final de un ser insignificante
Estaba todavía en la cama, a pesar de que la tarde del domingo amenazaba ya con desplegar su silencioso vacío.
La mente despejada, pero algo le mantenía debajo del edredón, con los ojos muy abiertos y la mirada fija en el techo blanco, en la bombilla que de él colgaba. La habitación tenuemente iluminada por la luz que entraba por la ventana, lo suficiente para apreciar el montón de ropa que cubría una silla.
El tiempo transcurría muy despacio, el momento era eterno. Los pensamientos enormes elefantes dirigiéndose plácidamente no se sabe muy bien a donde, tal vez simplemente caminando hacia el horizonte.
¿Quién pone en orden su vida un domingo por la mañana? ¿Quién sale de la cama sin miedo a infectarse de los males que han hecho enfermar al mundo?
***
Un año después encontraron su cadáver. Ya sólo huesos y algún resto de tejido reseco. La calavera parecía seguir mirando aquella bombilla, ahora cubierta de telarañas y de polvo.
Era tan cobarde que no buscó una salida. Era tan mezquino que nadie se había percatado de su desaparición. Era tan insignificante...